Editorial 5

Editorial

La ciudad de León Guanajuato representa múltiples miradas desde el punto de visto de la complejidad. La configuración social y urbana responde a procesos históricos y culturales muy amplios que se ven reflejados en las prácticas cotidianas de sus habitantes. Su denominación como la quinta urbe de México no sólo responde al hecho del crecimiento de su población ni al de su evidente crecimiento económico; responde también a la conformación de múltiples universos sociales que a través de una atenta mirada sociocultural emergen.

Con el tema de la exploración del la ciudad de León te doy la bienvenidos a esta quinta entrega de K-Tarsis. Además de abordar la compleja red de significados sociales de León con el dossier “El León no es como lo pintan”, el presente número presenta otros temas muy interesantes, entre estos las primeras anotaciones del diario de Crónicas Argentinas que nuestra alumna Cynthia Calderón plasmó en su experiencia de intercambio académico en tierras argentinas. Catalina Martínez, envía desde Colombia una entrega dedicada a la Catedral de Sal. La exploración sobre los contenidos artísticos en la actualidad se abordan en el ensayo ¿El Arte en Pantalla? Finalmente Robinson Vega nos transporta a los paisajes emocionales de su poesía honesta y rotunda.

Distintos portafolios fotográficos conforman la selección de imágenes de este número. Distintos alumnos de segundo semestre reflejan su inquietudes temáticas, Armando Amaya Torres nos regala poéticas fotografías productos de sus viajes a Argentina y Uruguay. Finalmente Maricarmen Molina nos presenta un dossier sobre la nostalgia citadina bicicleta.

Espero disfrutes la lectura y seguimos en espera de tu participación en cualquiera de las secciones de K-Tarsis. Buen fin de semestre.

Mtro. Alan McLane Alejos

Coordinador K-Tarsis

domingo, 13 de mayo de 2007

¿El Arte en Pantalla?/Cynthia Calderón/Armando Amaya/Luis Eduardo Palacios/Alumnos Octavo Semestre

“Vivimos en la reproducción indefinida de ideales, de fantasías, de imágenes, de sueños que ahora quedan a nuestras espaldas y sin embargo, tenemos que reproducir en una especie de indiferencia fatal” Las imágenes que recibimos día con día son cada vez más “reales” aparentemente pero ¿Qué tan cercanas están de la realidad? ¿Cómo afectó la vida cotidiana con nuevas formas de arte y “consumo”?

Es evidente pensar que la época actual en virtud de la apreciación del arte ya no se enfoca solamente a públicos específicos sin fines de lucro, es decir, como una forma estética de concebir una obra. El día de hoy tenemos acceso al arte pero sin ese valor que siglos anteriores tenía, es decir, provocación de sentimientos donde existía una armonía; específicamente en la pintura. Así coincidimos en esta idea: “La exigencia de la modernidad afectó a todas las artes por igual” (Hobsbawn, 1998). El día de hoy el arte nos remite a una idea cultural e histórica, y no a una época actual, de apreciación artística.

Antes siglo XX la pintura, además de las distintas artes tenían una “individualidad” que las separaban unas de otras; podía reproducirse una imagen sobre un lienzo, siendo de renombre y reconocidos aquéllos los que pintaban y podían asemejar más una realidad “pura”, sin más instrumento que la pintura y el pincel. Sin embargo esta división de las artes tenía que llegar a su interdisciplinariedad y con la llegada de la modernidad; la tecnología y cámaras fotográficas lograban recrear imágenes acordes a la realidad desplazando a la pintura como un arte que demandaba apreciación. “Las artes visuales han sido conscientes tanto de la competencia de la tecnología, en forma de cámara fotográfica, como de su incapacidad para sobrevivir a esa competencia.” (Hobsbawn, 1998). Apoyándonos también en la idea de que Jackson Pollock aseguró que el arte tenía que expresar sentimientos, porque reproducir las cosas ya lo hacían las cámaras fotográficas.

La Fotografía fue entonces el “parte aguas” que en la época actual logra juntar las distintas artes como la literatura, la pintura, la música, con el fin de dar lugar al cine y por consiguiente a la televisión. “En el siglo XX la pintura y la escultura deben partir de la observación de que despiertan un interés minoritario” (Hobsbawn, 1998). Por esta razón, la pintura buscó nuevas formas de expresión artística para contrarrestar lo que los medios audiovisuales habían tomado de ella: Lo que la tecnología fotográfica vino a corromper en los espacios de reproducción de la realidad.

Las nuevas formas de expresión en la pintura se ven claramente marcadas con la aparición del surrealismo, el cubismo y todas aquellas tendencias abstractas, aunque la pintura no podía luchar contra el posicionamiento de la tecnología, si podía crear nuevas tendencias; líneas rectas, curvas, figuras geométricas a veces sin un sentido “aparente”. Defendiéndose así de lo que una cámara análoga no podía hacer. La pintura sobrevive, sin embargo la aparición de los medios audiovisuales deja en crisis actualmente al arte pictórico que había resistido. Hoy cualquiera puede ser “artista” desde un ordenador que posee software para crear imágenes abstractas, combinables, pictóricas. Toda esta atrocidad con fines de lucro por muy “nobles” que sean; como programas educativos por ejemplo, existe un interés económico de por medio.

Con esto entendemos que el arte actualmente está dictado por una “Democratización” que no implica grandes retos de interpretación con la aparición de los medios audiovisuales.

Y los medios llegaron para quedarse; primero la fotografía en el intento por reproducir la pintura, posteriormente el cine y cada vez con más tecnología a la mano y en casa apareció la televisión.

Y desde las primeras transmisiones televisivas las familias se reunían frente al “aparato” que significaba la novedad. ¿Cómo se podían ver personas encerradas en una caja? O mejor aún, estando en otros lugares. Todo parecía tan fascinante, difícil de creer, pero esa es la “realidad” que se reproducía a través de la “caja mágica” y ésa es la “realidad” preferida de familias enteras por generaciones, dejando atrás lo que ya no parecía tan fascinante; Libros, pinturas, música. Dicha “reproducción” que tanto fascinó por años a la humanidad no ha dejado de proyectar lugares y formas de vida ajenos a los nuestros. ¡Todo parece tan real! Cabe preguntar ¿Qué tan reales son las imágenes que hasta la fecha se proyectan en el televisor y ahora en internet?

Vivimos en un mundo ajeno a la realidad aunque parezca cada vez más pequeño y palpable. Las nuevas generaciones han crecido con ese aparato que trasmite imágenes en tiempo real. El “pan nuestro de cada día” La televisión y los medios audiovisuales se han convertido no sólo en la “niñera perfecta” que atiende a los niños cuando los papás trabajan; la lluvia de imágenes y sonidos pueden acompañar al alma más solitaria; todo se vende para ser consumido y parecen dulces exquisitos. ¿Existe un verdadero contenido que sea de interés?

Es interesante las formas en las que este tipo de tecnologías se podría utilizar, sin embargo se crean programas cada vez más insulsos o largometrajes de gran presupuesto, en el caso del cine, películas que pasan desapercibidas. Es difícil encontrar en este tipo de “negocio”, contenido que deje huella en quien recibe mensajes diversos. ¿Desde qué punto de vista se parte para saber qué es un buen contenido y qué no? Basta con mirar lo que las televisoras transmiten en la actualidad: “Nada” y “lo mismo”.

Si los contenidos de la televisión educaran a niños, adolescentes y adultos: ¿El mundo sería diferente o viviríamos en la misma situación? Algunos argumentan “La televisión se creó para entretener” y llega la pregunta ¿A costa de qué? Al parecer día con día los programas televisivos pretenden llegar a ser cada vez más desagradables y sin sentido, con entretenimiento vacío.

Se puede considerar a la televisión como el medio que utiliza mensajes subliminales en mayor medida. Un mensaje escondido se expone al público por una fracción de segundo, en varias ocasiones durante el comercial. Otra forma considerada como mensajes subliminales es recurrir a imágenes públicas y muy conocidas, para relacionarlas con productos y generar ventas.

Cabe mencionar que los mensajes subliminales no sólo se han utilizado para vender; sino en campañas para reducir el consumo de alcohol, por medio de cintas de sonido grabadas con mensajes destinados a eliminar dichos hábitos. Éste, es un factor positivo hasta cierto punto puesto que no deja de haber “ocultamiento”.

Ya desde los inicios de la televisión existía un interés implícito en comercializar con los programas que se transmitían. El cine por su parte intentó hacer “arte” a través de imágenes en movimiento. El llamado “arte” audiovisual resulta ser “comercio”; el “comercio” es disfrazado como “arte”. La televisión es una buena forma para cubrir los mensajes y obtener grandes inversiones. El cine ya no es sólo una película, sino que se ha convertido en un “ritual” y parte de la “vida en familia”.

Resulta lamentable que las familias se reúnan para ir al cine y “convivir” mientras “observan” la película, mientras tanto contribuyen a los grandes monopolios que se enriquecen a costa de públicos diversos. Así como los “mensajes subliminales” el consumo de programas y películas es una forma de obtener ganancias. La publicidad; comerciales, películas y programas se convierte en un alimento poco nutritivo cuando el único fin, es vender.

En un principio se podría considerar que la publicidad quería lo mejor para el consumidor y que ésta siempre se encontraba en competencia con sus rivales para ver quiénes eran mejores en cuanto a calidad y servicio. Actualmente lo que está de moda es lo que vende; colocando a personalidades que no tienen nada que ver como futbolistas, anunciando lociones o cantantes promocionando un shampoo, provocando que la gente se sienta atraída a comprar productos. Todo parece una mentira, disfrazada en bellas imágenes o lindas caras.

Estamos rodeados de imágenes llenas de colores, cada vez más “reales” y cercanas. La “imagen” no sólo se refiere a lugares mostrados o situaciones en un televisor o una pantalla de cine; el tener buen cuerpo, un corte de cabello parecido a los demás, traer la última tecnología por más cara que sea, es considerado un problema por falta de identidad de la época misma.

Existe un problema de la imagen, y cada vez parece más distorsionada; cuando las mujeres quieren ser esqueletos o cuando se deja de ser uno mismo con el bisturí en la mano. ¿Qué uso hacemos de tecnología para embellecernos? ¿Realmente importa lo que somos o lo que “parecemos” y cómo nos vemos?

Actualmente la imagen importa, pero es una imagen reproducida y llena de indiferencia, lo cual no va de la mano con las Bellas Artes, sino con la imagen de las personas; el que tiene buena imagen; mejor consume lo que la publicidad le vende que se trasmite por medio de los medios masivos.

¿Se llegará a punto en donde la imagen no va a importar y las Bellas Artes renacerán nuevamente? Con la tecnología podemos lograr lo inimaginable; cada vez tenemos acceso a gran cantidad de información, ¿Qué calidad de información? Cantidad no quiere decir calidad; mayoría y popularidad no quiere decir “verdad”.

Menciona Daniel Dei en la obra “Poder y Libertad en la Sociedad Posmoderna”: “Si algo caracteriza nuestra época es, precisamente, la falta de vínculos de comunicación personal” Presionando un botón podemos visitar París o viajar en avión; conocer grandes personalidades; cada vez sabemos del mundo lo que nunca hubieran visto nuestros abuelos. Lo importante es conocer qué pasa con la información que se nos presenta la cual no siempre es positiva.

La solución a este problema es atribuirle una gran tarea a los medios de comunicación para que éstos dispongan de la resurrección de las Bellas Artes, tal vez , marcando nuevas tendencias que en un futuro se verán marcadas, así como sucedió en el pasado.

Quizá de esta forma el arte moderno, no se alimente más del pasado. “Lo que hay que tener en cuenta de las artes verdaderamente revolucionarias es que fueron aceptadas por las masas porque tenían algo qué comunicarles” Es decir; existía el medio a favor del mensaje y no el mensaje para beneficio del medio.

Con la “Democratización del arte” la mayoría es “artista” y en el caso de la televisión se le llama de esta forma a toda persona que sea capaz de salir “Bailando por un sueño” o que simplemente intente ser popular. Claramente la danza pierde su sentido original; al igual que la música, se convierte en un espectáculo y se combina para “entretener” a las mayorías; no es apreciada de la misma forma, convirtiendo al arte ya transmutada en una forma fácil de ganar dinero.

Es así como en medio de tantas luces y espectáculo; de burlas y “realidades ficticias” terminamos confundidos entre el valor y el disvalor: “El glorioso movimiento de la modernidad no ha llevado a una transmutación de todos los valores, como habíamos soñado, sino a una dispersión en involución del valor, cuyo resultado es para nosotros una confusión total…”

A pesar de las minorías que dirigen los diferentes medios masivos, en los mensajes audiovisuales se transmite un “todo” generalizado, y a la vez nada es específico, de esta forma nos perdemos en medio del significado. Todo se convierte “estético” , falta preguntarse si es un disfraz de la realidad actual.

Imagen tras imagen ya no sólo es un “pan nuestro de cada día” sino una saturación de imágenes continuas cargadas de contenidos vacíos. Es así como el silencio se ha ido de las imágenes que no callan jamás, y lo más importante: Nos perdemos la oportunidad de estar con “el otro” para estar con “la máquina”. Podemos hacer cualquier tipo de cosas con las tecnologías, la diferencia: La relación del hombre con el hombre se ha perdido, para ser hombre con máquina.

A través de internet es posible conocer a una persona sin tenerla cerca; ya no se percibe una respiración, un aroma o una mirada, sino códigos. Lo mismo pasa con la televisión. Y cada vez nos enfriamos más delante de una pantalla. Cada vez somos más irritables cuando alguien se nos acerca; nos hacen creer que los abrazos sinceros y los apretones de mano han pasado de moda.

La indiferencia llega cada vez de la mano con imágenes crudas que nos presentan en el televisor; la violencia es común, sin embargo no porque sea común y “requerido por la mayoría” llevará a un bien común. En medio de las ciudades cada vez más grandes y desarrolladas las miradas no se cruzan, y todo parece un holograma de seres autómatas que no requieren de los demás para sobrevivir. “Estamos condenados a la indiferencia”

El celular y las cámaras son así los nuevos amigos del hombre. Dicha situación resulta preocupante y vale la pena repensar hacia dónde nos estamos dirigiendo y de qué forma vivimos con la tecnología o vivimos para y de la tecnología. Para no encontrarnos en medio de este “campo trans-estético de la simulación”.

Entonces cabría preguntarse; ¿Dónde quedó la función artística de la interdisciplinariedad de las Bellas Artes?, ¿Acaso se transformó en la niñera de todos los pequeños?, ¿Es acaso la llegada de los medios audiovisuales la causante de esta pérdida de sentido artístico que provocaba emociones muy distintas? Al decir “distintas” cabe mencionar que, el arte antes de fusionarse de esta manera provocaba emociones para varios públicos, hoy los medios audiovisuales han perdido el control de la enseñanza; del mensaje que antes no tenía una incitación a la compra, a la adopción de ideas ajenas o a una naturalidad humana. Estamos caminando hacia una dictadura en pantalla, ¿Se llama “arte” a los nuevos espectáculos que sirven para entretener?

¿Cómo podríamos definir las nuevas tecnologías en medio de tanto ruido? Lo importante sería definir primero la época en la que vivimos, comenzando por definirnos a nosotros mismos y encontrar un sentido a todo aquello que tenemos alrededor. Para así utilizar cada invento; cada nueva tecnología y las nuevas oportunidades que se presenten como un medio para crecer y evolucionar como seres perfectibles que somos.

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